Es perfectamente escandaloso el número de mujeres en Londres que coquetean con sus propios maridos. ¡Se ve tan mal! Es sencillamente como lavar la ropa limpia en público.
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El único encanto del matrimonio es que hace de una vida de engaño algo absolutamente necesario para ambas partes.
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El verdadero inconveniente del matrimonio es que le quita a uno el egoísmo. Y las personas que no tienen egoísmo son descoloridas. Carecen de individualidad.
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Cuando una mujer se vuelve a casar es porque detestaba a su primer marido. Cuando un hombre se vuelve a casar es porque adoraba a su primera esposa. Las mujeres prueban suerte. Los hombres arriesgan la suya.
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En la vida conyugal tres son compañía; dos son soledad.
Incluidos en: Oscar Wilde. Aforismos y paradojas
Villegas Editores.