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CARTA A MI ABUSADOR por Barajas





 Hola Jaime.

¿Dónde estás? ¿Ya te moriste? Siempre fuiste un ser religioso, quizá estés escondido en el silencio conveniente de Dios. Espero que allá mis palabras te alcancen, porque esta noche escribiré para ti, como hablándote al oído. Tengo mucho por decirte. ¿Me recuerdas? Soy Carlos, ya tengo 30 años y ahora soy escritor; tú debes tener algo más de 70. Te escribo mientras fumo Marlboro rojo, la marca que más te gustaba. Ya ves, mis ganas de morirme te honran. Ganas de morirme que ya no son una pose de poeta como en la adolescencia; ganas de morirme muy reales que me persiguen por las calles y me llevan lejos, donde nadie puede verme; ganas de morirme que me ocultan de la mirada de quienes amo. Mis ganas de morirme te saludan Jaime. Tú, el primer hombre al que amé y que jugó a amarme; pero comencemos por aclarar que el mío era amor de niño, tu juego a amar era el de un monstruo.

Amor de monstruo sí, porque los monstruos como tú cuando dicen amar: abusan; están condenados a romper lo que tocan. Incapaz de amarme como un ser humano completo y entero, rompiste mi cuerpo en pedazos para poder amarme a tu modo. Creo que fue fácil para tí: te diste cuenta que era un niño triste, que estaba muy solo, a solas con sus fantasías. Mi consuelo era masturbarme, mi golosina era el sexo; eso lo descubrí dos años antes de conocerte, a los nueve años, cuando por neumonía tuve que quedarme en casa por meses. Dibujar y masturbarse para no sentirse solo. Mis padres me amaban torpe e intermitentemente; muchas horas solo, no estuve del todo abandonado, pero nunca me sentí protegido. De modo que cuando apareciste en tu rol de profesor, paternal, hermoso, fuerte; cuando comenzaste a interesarte en mí, mi corazón de niño se lleno de dulzura pero también de curiosidad. 

Yo era amor en estado puro esperando a ser descubierto; desde muy pequeño me enseñaron que el odio ensuciaba el corazón y yo lo creí. Siempre creí en el amor, en lo bello, en otros mundos posibles, que aunque no me correspondían y no eran lo que vivía, algún día estarían ahí para mí. Sin saberlo, yo era un niño en estado surreal: mi vida era una evasión. Evadirse pintando y leyendo para negar ese infierno de hogar, para no sentirme enfermo, para protegerme de lo que me hacía daño.

Los monstruos como tú mezclan amor con terror para grabarse en el fondo, muy adentro. Por eso tus primeros modos de abordarme estuvieron llenos de gritos, de humillaciones, de calificaciones injustas. A los once años supe lo que era que un desconocido me tachara de idiota y me gritara delante de los demás. A eso se sumó mi parálisis ante los constantes ceros que me ponías. Largos ejercicios de aritmética donde no se podía escribir con lápiz y donde no estaba permitido un solo error. Los monstruos como tú se alimentan de los errores que los demás cometen a las reglas duras que imponen.

Pero una vez supiste un poco más de mí; comenzaste a mezclar el veneno con golosinas y la comprensión de un padre que quería lo mejor para mí. Sin quererlo, pronto me vi entonces nervioso, ansioso, pensando en cómo complacerte para que no me castigaras y no fueras el ogro cruel, sino el hermoso hombre que me protegía y que me llevaba con él a hacer obras de caridad los fines de semana. La gente te amaba. Los monstruos como tú también hacen buenas acciones, porque con ellas se aseguran el vestido para salir a la calle y que no les teman.

Después vino el primer contacto: fue en el laboratorio de química. Me buscaste y me llevaste allí; me separaste del resto y una vez a solas me abrazaste y besaste. Para mí fue hermoso. Duro solo un momento y recuerdo tu barba sobre mi cuello; el olor fuerte de tu colonia Old Spice y tus manos tocándome bajo la camiseta. Al final, antes de salir del salón dijiste que ese era nuestro secreto.
Esa mañana de sábado mi vida cambió por completo. Algo había sido liberado en mí: como un animal que es liberado por primera vez, pero que al salir afuera descubre que solo hay espesos muros. Todas mis sensaciones sexuales se mezclaban con mi amor de niño, latían como un volcán, pero como un volcán que no tenía la posibilidad de explotar. Dijiste nuestro secreto, pero era nuestra prisión.  Los monstruos como tú sólo pueden sentir a escondidas, brevemente y a oscuras; las caricias al sol les queman la piel y las manos.

Después vinieron los paseos en el carro. Compraste la confianza de mis padres regalándoles los libros que no podían comprarme porque éramos pobres. De ese modo pudiste acceder a mi casa. Uno de los mejores profesores creía que yo era inteligente, creía en mí; mis padres orgullosos bajaron la guardia. Lograste el permiso para llevarme contigo a dar vueltas en el carro. Me pedías que te pidiera lo que quisiera. Las caricias me hacían sentir bien y me encantaba tocarte; era tan rico que no importaba si estaba bien o mal, no me lo preguntaba. Y cuando me veías confundido aparecían los juguetes. Los monstruos como tú no conmueven a nadie, por eso tienen una sección especial en los supermercados donde compran las emociones.

Finalmente sucedió. Esa mañana me recogiste y me llevaste por primera vez a tu casa. Por primera vez vi el rostro de tu esposa, en un portaretratos: la foto de tu boda. No hubo comentarios. Me tomaste dulcemente y me abrazaste para besarme en la boca. Lo que vino no fue como esperaba; no hubo violencia, pero sí manipulación. Dirigiste todo; como en una escena de teatro dispusiste un montón de toallas sobre la cama. Las habías robado en ejercicios con otras personas del colegio. Las olías y querías que yo las oliera; era como si en cada toalla tuvieras a alguien encerrado. Ese día tuve la certeza de que no era el único que había ido a tu casa. Los monstruos como tú coleccionan cuerpos y los encierran en objetos.

Tú te fuiste del colegio, pero yo me quedé a solas con nuestro secreto, encerrado en una de las celdas de la inmensa cárcel que es tu cuerpo. Todo lo que no pude decir lo escribí, todo el dolor lo transformé en poemas. Leí poesía porque fue el único modo en que sentí que mi corazón no se iba a morir de silencio, de abandono, de incomprensión. Lo que sucedió me hizo diferente para los demás en el colegio, pero me hizo diferente para siempre. Ahora que veo hacia atrás veo que me dejaste encerrado en una celda de tu cárcel; pero tu cárcel estaba dentro de otra cárcel: la cárcel de tu miedo. Quizá si te hubieras dado permiso de sentir y desear lo que realmente necesitabas, hubieras podido encontrar la satisfacción y el amor que te correspondía y no hubieras tenido que abusar a nadie. Pero te quedaste encerrado en una vida ajena, guardando apariencias, lleno de culpa y vergüenza, jugando a tapar los huecos de tu vida de mentiras con el placer conquistado desde tu trono. Imagino que desde adentro creías que tenías que proteger el gran reino de tu casa y tu hogar, pero en realidad estabas construyendo una gran cárcel, para ti, para mí, quizá para otros más que abusaste.

Hoy lo comprendo clara y dolorosamente: los abusadores como tú viven de sensaciones prestadas. Incapaces de sentir profundamente, no les queda otra opción que someter a los demás a su juego; un teatro donde se llenan del falso poder con el que encubren el sufrimiento que los habita. Su anestesia es una mezcla de mentiras, de imposiciones, de dolor ajeno. El abusador miente, miente, miente hasta llegar a mentirle a su propio sufrimiento; no acepta que sufre y por eso termina por pagar la deuda que tiene consigo mismo con el placer que le arranca a los demás. Y entre más profundo se va haciendo el sufrimiento, más víctimas necesita y mayor es su necesidad de hacer daño con actos cada vez más fuertes. Con el poder que tiene construye túneles que lo lleven a los lugares secretos donde se siente a salvo de lo que más lo pudre: los juicios de los demás y la vergüenza consigo mismo. El abusador maquilla con silencio el grito que lo desgarra. Hace teatro con el amor, pero cuando lo aman enferma de rabia porque la única versión de amor que conoce es la de su jardín secreto. Y entonces escapa, se refugia en el orden, las virtudes y las obligaciones de esa, su vida "perfecta", con la cual se protege. Hacia afuera un lindo hogar, una persona de bien; hacia adentro un animal insatisfecho que necesita sentir que siente, un consumista del placer; un ser hecho cárcel para encerrar personas en su propia frustración y jugar a no estar solo.

Pero como sucede en esos casos, esas casas se caen; porque lo que se funda en mentiras termina por desplomarse. Así sucedió y yo lo supe. Tu esposa te abandonó y tu corazón, ese que traicionaste y que llenaste por un momento con el amor de ese niño que fui, ese corazón, se rebeló con un infarto. Fuiste expulsado del colegio por intentarlo con alguien más, pero nunca fuiste encarcelado. Tampoco sé si alguien haya tenido el valor para confrontarte. A estas alturas para mí no importa. El karma no es un castigo, es algo que se graba en la carne, es una colección de voces que dicen una y otra vez lo mismo, y que si no se escuchan, llevan a vivir una y otra vez lo mismo, no permiten ver la realidad fresca y abiertamente. El peor castigo es la mirada, tener los ojos llenos de mierda y acostumbrarse a eso; negarse a ver y deleitarse en ello: eso se llama infierno.

Tú no necesitas mi perdón, nunca lo buscaste; y sin embargo, te perdono. Y te perdono porque yo me di a la tarea de intentar comprender tus motivos. Odiarte hubiera sido más fácil. Pero regalarte mi odio hubiera sido aceptar que corrompiste mi espíritu; y eso no es así. Dejaste una huella en mi cuerpo, en mi carne; pero mi espíritu permanece intacto. Y es él el que no me dejó caer en los momentos de angustia, cuando años después tu sombra me seguía acosando y me llevaba por los caminos donde el sexo es reducido a mercancía y el afecto es solo un efecto. Fue mi espíritu el que me enseñó a distinguir; y eso lo pagué con soledad, confusión y desolación.

Y es que abandonaste la celda, pero mi corazón duró encerrado allí durante mucho tiempo. Esto me generó muchos problemas; pero uno de ellos, quizá el central, fue menospreciar lo que siento, ocultarlo, esconderlo, como si siempre estuviera mal. Esto es inmensamente irónico, porque precisamente por eso he tenido que hacer grandes esfuerzos por cuidar mi sentir, por hacerme amoroso, comprensivo; a eso me he dedicado mucho tiempo, a investigar la naturaleza de las emociones, a nutrir mi corazón de fe y coraje, incluso en momentos en los que todo estaba dado para odiar profundamente.

A la celda vinieron otros hombres con sus secretos y me vi encerrado de nuevo una y otra vez. Para decirlo de un modo más sencillo, amé profundamente a personas que nunca se dieron permiso para amarme libremente, pues ya estaban comprometidas con otras vidas. Vidas que se parecen en algo a la tuya; hablo de hombres con un corazón hermoso pero, al igual que el tuyo, un corazón encerrado en una vida artificial, en función del poder, de las apariencias, de la estructura neurótica de la familia, una vida en función de lo que son para los demás y no para sí mismos. Tres hombres que me amaron, de modo apasionado, pero incompleto, fragmentado.

Quizá como amar para mí era una batalla perdida de antemano, me concentré en amar no para lograr ser feliz y estar en pareja (pues creía que eso no era para mí), sino por el ejercicio mismo de investigar el amor, de hacerlo consciente, luminoso. Acompañé a esos hombres en sus laberintos y cárceles, me sumergí con ellos en sus zonas más oscuras, tuve que investigar mi miedo y el de ellos. Encontrar el sentido sagrado del sexo y del amor para no perderme a mí mismo, y poder ofrecerles transformación y no solo placer. Al comienzo esperaba que se liberaran y salieran a mi encuentro: no sucedió. Descubrí amargamente que no era un santo y que la redención era inútil. La frustración me hizo lastimarme duramente y ahí aparecías tú, que me habías enseñado a amar y desear siempre en función de la mentira. Yo me tragaba la rabia, la convertía en pequeños suicidios, me atacaba sin cesar a través de sustancias, de insomnios, de ayunos, de autoagresiones; amaba mi amor, pero lo sentía inútil, había que destruirlo. Esos hombres que amé tuvieron miedo de decirme que me amaban, me restringían a su silencio y su inseguridad; cuando me dejaban al margen, me sentía amargamente desconocido, a solas, con un sentimiento inútil. Era culpable por enamorarme.  

Fueron sensaciones horribles, momentos de veneno: muchas veces me sentí usado. Me tragaba todo  y al final, cuando reaccionaba explotando con actos de rabia, entonces me dejaban a solas. Como si la sombra de mi amor también fuera sólo mi responsabilidad. Y ahí también estaba tu fantasma, que me había enseñado que sólo me amarían si era "buen chico", la inconformidad no se decía en voz alta y todas las leyes se debían obedecer sin preguntar, porque por más injustas que pudieran ser para mí, si me rebelaba perdería el apoyo y la protección de quienes "me amaban".  

Las personas que no pueden sentir ni expresarse de modo franco, generalmente se hacen abusivas, pues por su falta de conciencia acerca de las emociones de los demás, no encuentran otro modo de relacionarse, sino a través del ejercicio del poder. De modo que mi desobediencia, mi conciencia  y mi confusión fueron castigadas. Me dieron a entender que de mi amor solo se esperaban los beneficios de la pasión, pero que las preguntas debía hacérmelas yo solo. Me ponían una mano en la boca cuando decía que amaba, porque era mi amor el que estaba enfermo. Me dieron derechos que después me quitaron. Me dejaron a solas con mi espera y no vinieron a quitarme esa asquerosa imagen que se me grabó en la carne: ser una puta enamorada. La buena puta es obediente, no pregunta, ni se enamora. Y ahí estaba de nuevo tu sombra. Me enseñaste que las preguntas sobre el sentir eran inútiles, la verdad era poco funcional pues todo puede ser resuelto con mentiras, incluso la frustración: eras un hombre "práctico", preferías  la funcionalidad temporal y cómoda de una mentira, a la  incomodidad de una verdad que realmente transformara. Rezabas en actitud de recogimiento, quizá pidiéndole a tu Dios que te mostrara el verdadero sentido del amor y después salías a pedir toallas para poder sentir que sentías.

Han pasado 19 años después de todo eso. Y llevo 11 horas escribiendo esta carta. 19 años en 11 horas y 6 páginas. La escribo para perdonarte, para perdonarme y para perdonar a aquellos que consciente o inconscientemente me han hecho daño. La escribo también para pedir perdón porque sé que quizá en mi ignorancia también cometí errores; no por maldad y sevicia, sino por falta de conciencia, por no poder comprender. Esta carta es una estación más dentro del viaje interminable de ser sincero conmigo mismo. Si hay algo que me ha enseñado el arte es que la memoria no está hecha sólo de palabras, sino sobre todo de sensaciones, de emociones, de sentimientos. Con esta carta te devuelvo la cárcel en la que encerraste mi corazón de niño, te devuelvo también los vicios con los que mi sombra te honra oscuramente; me enseñaron mucho, pero ya no me pertenecen.
Y en esta última parte, quiero dedicarte estas línea, poniendo también la intención de que con ellas hable también a los que he amado, para que nuestra vida se abra a la posibilidad de liberarse de las mentiras que nos puedan tener encarcelados. Al hablarte, les hablo a ellos. No quiero predicar, pero sí invitar.

Si en esa versión de vida encuentran satisfacción, amor, coraje para confrontar las dificultades... entonces lo más natural será que se sientan livianos, fuertes, espontáneos, incluso frente a las situaciones más difíciles. Pero si en ello solo encuentran ansiedad, sufrimiento para sí y sufrimiento para los demás, si el remordimiento está siempre ahí y hay una necesidad de ocultarlo a través de lo inmediato, si el único motivo para luchar es sentir que se salvan del futuro, si sus sentimientos y deseos siempre están condicionados por jueces invisibles que los reprimen, si se sienten culpables por amar o desear y usan su intelecto para negarse la posibilidad de renacer al sentir, si pesa más la conveniencia que la franqueza, si su sexualidad es solo una vía de escape y no una vía de satisfacción profunda... Si sienten que su vida ya no puede ser espontánea, libre y fluida en ningún escenario, porque pesa más cumplir con obligaciones, si todo se hace en función de motivos que solo satisfacen sus metas y no su búsqueda.... Si todo ello está ahí presente todo el tiempo, entonces quizá sea necesario comenzar a ser sincero, así duela y así haya terribles movimientos alrededor. Porque una vez que uno se decide a ser quien realmente necesita, de un modo abierto, para hacerse consciente y hacer conscientes a los demás: la vida se transforma. Y descubrimos quiénes son realmente quienes nos aman por lo que somos y no por lo que proyectamos ser. Del mismo modo, descubrimos los lugares que realmente nos corresponden y aquellos en los que no somos invitados sino por pagar.  Ni el dinero, ni los tronos, ni los cargos, ni el aplauso de la familia, ni de la sociedad... nada de eso tiene sentido, si lo que se hace no se hace desde el corazón y las entrañas. Todos los argumentos son posibles, pero una creencia es más poderosa que mil ideas.

Con esto me despido de ti para siempre Jaime. Estés donde estés. Sobre tu ausencia se funda mi renacimiento. Esta alquimia ha concluido y este oro me da valor para una nueva lucha; tu fantasma ahora es un aliado más. Nuestro secreto-cárcel se convierte hoy en un espacio ilimitado, en un millón de caminos donde estas palabras me servirán de brújula.  Mis ganas de morirme ya no te honrarán más. Hoy la muerte vuelve a ser mi aliada y el sexo se hace un ritual para celebrar la vida. Saludo a mi pasado, pero sólo quiero rendirle tributo a este presente donde todo está por hacerse. No hay promesas, pero sí ganas de andar y de renovarse. Serán tiempos difíciles pero vale la pena librar la batalla y entregarse al misterio.

Te saluda mi corazón en llamas.

Carlos.
  




















COMPAÑÍA por Beckett





Aunque ahora siente aún menor inclinación que nunca a hacerse preguntas, a veces no puede por menos de preguntarse si de verdad es a él a quien se dirige y de él de quien habla la voz. ¿No habrá otro a quien y de quien habla la voz? ¿No habrá acertado a escuchar una comunicación destinada a otro? Si está solo y boca arriba en la obscuridad, ¿por qué no lo dice la voz? ¿Por qué no dice nunca, por ejemplo: "Viste la luz tal y cual día y ahora estás solo y boca arriba en la oscuridad"? ¿Por qué? Tal vez sólo sea para inspirarle esa vaga sensación de incertidumbre y desconcierto.

LE MAT por Barajas




Cuando la fugacidad abre surcos en mi interior, le veo caminar por mis nervios, recorrer mis sendas de carbón y sal. A veces la inmensidad de mi soledad tiene la música de sus pasos recorriéndome. Sus adjetivos me acompañan como centinelas aliados que dan oscuros sentidos a mis caídas. Su espada ha rasgado el vacío y ha dibujado tierra firme y millones de puertas, allí, donde la boca del lobo se abría para tragarme con una sentencia.  Y sin embargo no me salva, pero tampoco me condena; su andar sagrado le ha dado el poder de convertirse en cruce de caminos. Le veo pasearse por el borde de los cuerpos desde mi caminata sin rumbo. Me ve vagar por las canciones, extraviado en sensaciones, insomne, transparente. Naufragios luminosos sin agua y sin tierra. Barcos fantasma de origen y destino innombrable. Los feligreses se preguntan cómo, aun vestidos de luto, podemos celebrar al sol un juego ritual donde compartimos las bitácoras del espíritu; ellos, sólo ven errar, error y herrumbre. Le mat me enseña que un espíritu se precipita, pero no se rebaja; permanece ardiente, como una antorcha insolente y extasiada en medio del abandono. No todos encuentran luz y calor en casa, hay que salir a caminar hasta que la carne se haga de madera y el viaje se haga un enorme incendio que permita pernoctar en cualquier esquina. En llamas, en llamas, en llamas: que en la ceniza hay una beatitud que no es la de los santos: y en este piedra del fin del mundo que aprieto entre mis manos, habita un grito de buda para despertar a la humanidad entera.

NO LEERÉ por Ciorán


No leeré más a los sabios. Me han hecho demasiado daño. Debí de haberme entregado a mis instintos, dejar expandirse mi locura. He hecho todo lo contrario, he adquirido la máscara de la razón, y la máscara ha terminado por suplantar al rostro y por usurpar todo lo demás.

LLAVES por Barajas




La noche tiene sed. La sed tiene un camino. El camino tiene tu rostro. Tu rostro tiene nieve. La nieve tiene sangre. La sangre no tiene retorno. El retorno tiene revés. El revés tiene una flor. La flor tiene una trampa. La trampa tiene un deseo. El deseo tiene una fuerza. La fuerza tiene un candado. El candado tiene un secreto. El secreto tiene una música. La música tiene un viajero. El viajero tiene un barco. El barco tiene una copa. La copa tiene veneno. El veneno tiene un remedio. El remedio tiene una llama. La llama tiene un mantra. El mantra tiene una brasa. La brasa tiene un abrazo. El abrazo tiene una plegaria. La plegaria tiene hambre. El hambre tiene un hombre. El hombre tiene un vacío. El vacío tiene una boca. La boca tiene un vientre. El vientre tiene una puerta. La puerta tiene un guardián. El guardián tiene una pregunta. La pregunta tiene un abismo. El abismo tiene un alivio. El alivio tiene un precio. El precio tiene un guante. El guante tiene un animal adentro. El animal tiene un dios adentro. El dios tiene olvido. El olvido tiene una ventana. La ventana tiene un espejo. El espejo tiene un llamado. El llamado tiene insomnio. El insomnio tiene razón. La razón tiene ganas. Las ganas tienen pasos. Los pasos tienen sueño. El sueño tiene una escalera. La escalera tiene un deleite. El deleite tiene una brújula. La brújula tiene silencio. El silencio tiene máscara. La máscara tiene una cortina. La cortina tiene piel. La piel tiene un ave. El ave tiene una jaula. La jaula tiene un resquicio. El resquicio tiene un delirio. El delirio tiene un padre. El padre tiene un minuto y este, este minuto,
                                               tiene frío.

ERA por Barajas





Sentí que el silencio era una medida inexacta que aturdía a quien callaba. Por eso abrí la caja de pandora que había en mi garganta y di forma de nuevo a los titanes. La tormenta del tormento ascendió en espiral con sus once mil bocas de fuego y yo vi estallar mi vida en vocablos de lenguas voraces que hablaban de mí y me consumían. Si hubiera sido profeta o un loco la visión me hubiera liberado. Pero todas las historias vinieron a contarse en mi carne en pirotecnia: yo sólo era un hombre que con su insomnio alumbraba toda la montaña entera intentando comprender, yo era un niño con miedo durmiendo con un lobo de peluche, yo era un niño que no se dormía porque el lobo podía hacerse real y se lo comería, yo era los noventa y nueve personajes que celebraban una fiesta entre las páginas de mis libros, yo era dos Federicos, un Fernando y un Isidore, yo era una larva de Buda curtida de hambre que no se iluminaba sino artificialmente, que investigaba mil cielos mientras se dormía al filo del desasosiego, yo era el que caminaba por la avenida recogiendo pistas falsas para probarse a sí mismo que había un camino, yo era cien personas que bailaban en una fiesta de sal y de vino, yo era tabaco, tequila y temblor, y al otro día yo era serenidad y café y viento de montaña, yo era delirio doméstico de mediodía, yo era un héroe anónimo sin crimen a combatir, yo era la virtud del vicio y el vicio de la virtud, yo era la plenitud de la sed que se hunde en pozos sin fondo, yo era un coqueteo con la muerte y un manoseo con la vida, yo era dulce susurro para el oído rechinante del vagabundo  y su embriaguez, yo era el cuerpo de dios consagrado en un altar oculto y era la lengua que lame la axila oxidada de un diablo en desuso, yo era la copa que se rompe a los pies de los amantes, yo era diamante enterrado entre difíciles trances de gente que se mira sin poder entender, yo era Babel antes del derrumbe, yo era el mundo antes del diluvio, yo era una danza invisible que celebraba la vida sin importar el fin, yo era el fruto del paraíso, yo era el gozo de probar el veneno y no caer, yo era el que atravesaba la llama y me dejaba acariciar por el humo, yo era la necesidad del necio y el secreto del sabio, yo era tres monedas confirmando el destino, yo era una baraja partiéndose sobre la frente de un muerto e intentando resucitarlo, yo era la espera que arde en la sangre del perro, la que no se apaga y así fui también cadena de palomas al vuelo allá lejos en la lluvia, yo era cinco o seis cuadernos  flotando en una cama e intentando mantenerme a flote del olvido, yo era sonrisa de desconocido, desaparición sin anestesia, forzosa fuga, yo era máscara de oxigeno y paraíso artificial, yo era la correa de mi padre, los platos de mi madre, el silencio de mis hermanos, yo era el sermón del cordero en la mano izquierda y el poema maldito en la mano derecha, yo era un oasis de opio en un prado en llamas y era la canción que no podía cantar la que me amaba, era un joven desnudo frente a un espejo abrazado a sí mismo, torso turbulento aguzado por la angustia retozando de deleite cuando su mano me tocaba, yo era el silencio después del grito, después del gemido, después del rumor, yo era la duda bendecida y la certeza herida, yo era un payaso vestido de negro y el enlutado añorando vestirse de rojo, yo era el agua que me negaba el verdugo cuando tenía sed, la estrellita de tinta china que le regalé al primer hombre que amé, yo era lo que de mí decían mientras me veían alejarme en un barco sin explicarse porqué, yo era un santo que se había vuelto villano para volver a caer, yo era el ángel más bello ardiendo de verdades en la sala de urgencias, yo era un ciervo de cristal en la ventana de mi tía, era gris profecía que no se entendía, que no se entendía, yo era manos que trabajaron por dar vestido al gigante, yo era la urgencia y la presencia del ciego en el teatro, yo era todos los nombres de la historia floreciendo en un solo resplandor, yo era cáliz, pozo y transformación.   

PREGUNTA A UN POLICÍA por Franz Kafka


Era muy temprano por la mañana. Las calles estaban completamente vacías y yo iba a la estación. Cuando comparé mi hora con la del reloj de la torre, comprobé que era mucho más tarde de lo que había creído. Tuve que apresurarme. El susto que me causó comprobar mi tardanza provocó que tuviera inseguridad en la elección del camino, pues todavía no me orientaba bien en la ciudad. Felizmente encontré a un policía en las cercanías. Me acerqué corriendo hasta él y le pregunté sin respiración por el camino. Rió y dijo: «¿De mí quieres conocer el camino?» «Sí -le respondí-, ya que no puedo encontrarlo por mí mismo.»
«Renuncia, renuncia», dijo, y se volvió con gran ímpetu, como los que quieren permanecer a solas con su risa.




LO QUE NO PUEDE LA POLICÍA por Jaime Sabines


La policía interrumpió en la casa y atrapó a los participantes de aquella fiesta. Se los llevó a la cárcel por lujuriosos y perversos. Era natural. La policía no puede irrumpir en las calles y acabar con otros escándalos, como el de la miseria. 

EL JEFE DE POLICÍA por Edgar Lee Masters




Los prohibicionistas me nombraron jefe de Policía
cuando fueron prohibidas las tabernas, 
porque cuando yo era un bebedor, 
antes de ingresar a la iglesia, maté un sueco
en el aserradero, cerca de Maple Grove.
Y ellos buscaban a un hombre despiadado, 
inflexible, honrado, enérgico, valiente, 
y perseguidor de los bares y de los bebedores,
para mantener la ley y el orden en el pueblo.
Y me obsequiaron un resistente bastón
con el que golpee a Jack McGuire
antes de que él sacase el revólver con el que me mató.
Los Prohibicionistas gastaron su dinero en vano
al colgarlo, pues en un sueño
me le aparecí a uno de los doce jurados
y le conté toda la historia secreta.
Catorce años fueron los suficiente para matarme.  


Tomado de: "Almenas del tiempo" (Selección de poemas de Spoon River)
Compilación y traducción por Hernan Vargas Carreño. Bogotá. Colombia.

LO QUE NO TIENE NOMBRE (Fragmento) por Piedad Bonett


Tu hijo ha muerto y debes empacar una maleta para viajar hasta donde te espera su cadáver. Y lo haces. Alguien te ayuda, dice un pantalón negro, dice es mejor meter los zapatos en una bolsa. Tres horas hace, tres horas de un tiempo que ya empieza a correr hacia su disolución, y tú no te has desmayado, no has caído al disolución, y tú no te has desmayado, no has caído al suelo de rodillas ni te tambaleas a la orilla del vértigo o la locura. No. Estás, como dicen los manuales sobre el duelo, en estado de shock o embotamiento. Tu dolor, el de los primeros después de la noticia, se ha trocado en fría estupefacción, en pasmo, en una aceptación semejante a la que aparece cuando constatamos que hemos perdido el avión a una ciudad lejana. Tú tratas de pensar en medias, en piyamas, en medicinas, y repites en tu cabeza, hacia adentro, las palabras que acabas de oír, deseando que algo físico te saque del estupor, un ataque de llanto, un repentino acceso de fiebre, una convulsión, algo que venga a destruir esa serenidad que se parece tanto a la mentira, a la muerte misma. Te he empacado una bufanda, dice la voz. Perfecto, gracias.



Tomado de: "Lo que no tiene nombre" 
Alfaguara 2013.

CORAZÓN por Ambrose Bierce


s. Bomba muscular automática que hace circular la sangre. Figuradamente se dice que este útil órgano es la sede de las emociones y los sentimientos: bonita frase que no es más que el resabio de una creencia antaño universal. Sabemos ahora que sentimientos y emociones residen en el estómago y son extraídos de los alimentos mediante la acción química del jugo gástrico. El proceso exacto que convierte el bistec en un sentimiento (tierno o no, según la edad del animal); las sucesivas etapas de elaboración por las que un emparedado de caviar se transmuta en rara fantasía y reaparece convertido en punzante epigrama; los maravillosos métodos funcionales de convertir un huevo duro en contricción religiosa o una bomba de crema en suspiro sensible: todas estas cosas han sido pacientemente investigadas y expuestas con persuasiva lucidez por Monsieur Pasteur. (Ver también mi monografía "Identidad Esencial de los Afectos Espirituales con Ciertos Gases Intestinales Liberados en la Digestión" págs. 4 a 687). En una obra titulada según creo Delectatio Demonorum (Londres 1873) esta teoría de los sentimientos es ilustrada de modo sorprendente; para más información se puede consultar el famoso tratado del profesor Dam sobre "El amor como producto de la Maceración Alimentaria". 




DETERMINISMO por Ernesto Sábato



La vertiginosa idea de que todo está inexorablemente vinculado y que una nariz diferente de Cleopatra habría producido una vida diferente del señor J. M. Smith, empleado del Banco de Boston, produce en muchas personas una especie de desmoralización: “Si eso es cierto —dicen—, no vale la pena esforzarse en nada”. No dándose cuenta de que si eso es cierto no hay tal efecto desmoralizador: esa aparente desmoralización estaba decidida de antemano por las infinitas causas que la precedieron. 

Una candidez parecida es provocada a veces por la idea de un eterno retorno: hay personas que creen poder echarse al abandono porque se han convencido de que esta vida y este universo han sucedido exactamente otras veces y han de suceder infinitas veces más. Pero si realmente hay eterno retorno y reproducción idéntica de los ciclos, es claro que ese echarse al abandono no puede ser una novedad: se ha producido en cada ciclo y se ha de producir por toda la eternidad. 

Entonces, ¿qué?, dice esta gente, desalentada —aunque ya con temor de que ese desaliento no sea voluntario ni nuevo. Pero si es muy simple: basta rechazar el determinismo absoluto y el eterno retorno. 



VENTANA SOBRE LAS DICTADURAS INVISIBLES por Eduardo Galeano


La madre abnegada ejerce la dictadura de la servidumbre. 
El amigo solícito ejerce la dictadura del favor. 
La caridad ejerce la dictadura de la deuda. 
La libertad de mercado te permite aceptar los precios que te imponen.
La libertad de opinión te permite escuchar a los que opinan en tu nombre.
La libertad de elección te permite elegir la salsa con que serás comido.




Tomado de: Las palabras andantes

UN PAR DE PEQUEÑOS CÍRCULOS por Franz Kafka



Aquí estaba mi instituto; en aquel edificio del lado opuesto, mi universidad. Un poco más hacia la izquierda se encuentra mi oficina. En este pequeño círculo -y trazó con su dedo un par de pequeños círculos- queda encerrada toda mi vida. 


Tomado de: http://www.bsolot.info/wp-content/uploads/2011/02/Kafka_Franz-Aforismos_visiones_y_sueños.pdf

EL AMOR QUE SIENTES por Franz Kafka



La figura reservada con la que siempre me encontraba no era la que dice: «no te amo», sino la que dice: «no me puedes amar por más que quieras hacerlo; tú amas, infeliz, al amor que sientes por mí, pero el amor que sientes por mí no te ama a ti». Por consiguiente resulta inexacto decir que he experimentado la palabra «te amo», sólo he experimentado la serenidad paciente que habría debido ser interrumpida por mi «te quiero»; sólo eso he experimentado, si no nada.


ANTE LAS PUERTAS por Franz Kafka


Estamos abandonados como niños extraviados en el bosque. Cuando permaneces ante mí y me miras, qué sabes tú de los dolores que hay en mí y qué sé yo de los que hay en ti. Y si yo me arrojara a tus pies y llorara y te contara, qué sabrías más de mí que del infierno, si alguien te hubiese dicho que allí hace calor y es un lugar espantoso. Sólo por eso los seres humanos deberíamos mostrarnos entre nosotros tan respetuosos, tan pensativos y amantes como si estuviéramos ante las puertas del infierno.


LO QUE HAY DETRÁS por Brontis Jodorowsky


Como temo que no funcione, hago que no funcione.
Temo que no funcione porque no quiero que funcione.
No quiero que funcione porque, si funcionara, me haría funcionar.
Si yo funcionara, todo lo que me impide funcionar dejaría de funcionar.
Y si todo lo que me impide funcionar dejara de funcionar, yo dejaría de ser un mecanismo…



FATUM E HISTORIA (Fragmento) por Friedrich Nietzsche



"Yo he intentado negarlo todo: ¡pero destruir es muy fácil, más cuán difícil es construir! E incluso destruirse a sí mismo parece más fácil de lo que es; estamos tan determinados por las impresiones de nuestra niñez, por la influencia de nuestros padres, por nuestra educación, y lo estamos hasta un nivel tan profundo de nuestro ser interior, que dichos prejuicios, profundamente arraigados, no son tan fáciles de remover por argumentos racionales o por la mera voluntad. La fuerza de la costumbre, la necesidad de algo superior, la ruptura con todo lo establecido, la aniquilación de todas las formas de la sociedad, la duda acerca de si, durante dos milenios, la humanidad no se habrá dejado cautivar por una falsa imagen, el sentimiento de la propia temeridad y de la propia audacia: todo esto mantiene una lucha aún no resuelta hasta que, al final, una serie de experiencias dolorosas, de acontecimientos tristes en nuestro corazón, otra vez nos llevan a nuestra antigua fe de la infancia. Sin embargo, la impresión que produce observar la incidencia de estas dudas sobre nuestro ánimo debe ser, para cada uno, un hito importante de su propia historia cultural. No puede pensarse otra cosa sino que algo tiene que permanecer firme, un resultado de toda aquella especulación que no siempre es un saber, sino que también puede ser una creencia, una fe; sí, algo que incluso un sentimiento moral puede reanimar a veces o dejar en suspenso."



Texto completo disponible en:

DE PIE por Emile Ciorán




Incapaz de levantarme, atado al lecho, me dejo llevar por los caprichos de la memoria, y me veo vagabundeando, niño, en los Cárpatos. Un día me encontré con un perro cuyo dueño, sin duda para deshacerse de él, lo había amarrado a un árbol. Estaba transparente de delgadez y tan vacío de vida que apenas si tuvo fuerzas para mirarme sin moverse. Sin embargo, estaba de pie, él...



Tomado de "El inconveniente de haber nacido"
Texto completo en pdf: http://www.concepto.net/LibroBak1.pdf

RUMORES por Karl Kraus


Conocí a un hombre que se veía como el rumor. El rumor es gris y su paso es juvenil; el rumor corre y no obstante le toma veinte años llegar de una habitación a la otra, pero ahí coloca sobre la mesa, como si fueran novedades, cosas que ni siquiera entonces sucedieron. El rumor apelmaza una ejecución que fue revocada con un parto prematuro que no tuvo lugar, siembra un tono de voz ajeno en un estercolero que fue invento suyo, oyó con sus propios ojos lo que nadie vio, y vio con oídos ajenos lo que nadie oyó. El rumor tiene una voz profunda y un semblante alto. Tiene fantasía sin personalidad. Si está en calma, se ve como si el problema del surgimiento de la Septuaginta ya hubiese sido resuelto. Si está en movimiento, entonces debemos contar con una nueva versión del infanticidio de Belén. El rumor es el hermanastro mayor de la ciencia y un concuñado de la información. De los vedas a los libros de cocina, nada que no esté confirmado le es ajeno. El rumor, que sólo ama a escritores muertos, puede aplicarse también al autor contemporáneo desde el momento en que se le pueda adquirir como libro usado, ya que entonces puede confundir una primera edición con una segunda. El rumor tiene el sentido del humor que surge a partir de la distancia con los hechos. Desilusiona a quien cree en rumores, y le gusta burlarse de quien no cree en rumores. Dice algo. Si difama, no se le lleva a juicio. No le sirve al testigo, no le sirve al acusado. Se niega a sí mismo. Sabe de todo, dice aún más, pero no es confiable.


Traducido por Gonzalo Vélez