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EL BAPHOMET por Klossowsky

-¡Aléjate de estos lugares de amargura!- susurró la brisa que se insinuaba en sus propias volutas, mientras flotaba encima de la desconocida Isla de las Vacas.
Los inmensos bosques en medio de la capital, los cerros inclinados hacia las murallas del septentrión. la Torre misma del Templo, se habían desvanecido: en esa curvatura del Sena no había una sola aspa de molino; sólo un relieve lapidario erizado de esqueletos metálicos se prolongaba a lo largo de las dos orillas, sólo una agitación negruzca se transparentaba bajo las brumas sulfurosas.
Las palabras oídas imprimieron una espiral más larga a su expectativa:
-¿Eres tú?- y entonces se desplegó según este estremecimiento familiar del aire: la había reconocido, y abandonándose a la alegría de haber sido reconocido por ella:
-¡Oh soplo que nos consuela cuando a la hora vespertina la duda asalta nuestros espíritus! Dime: tantas plagas y guerras no han podido con esta raza codiciosa, ¿se reproducirá ella por mucho tiempo más? Porque son muchos los llamados y pocos los elegidos, un número de nacimientos siempre variable según lo que permita allá abajo la vida, más o menos dura o desenvuelta, tranquila o mortal, ¿me aguarda aquí todavía un efluvio de soplos en espera? ¡En qué desorden se pierde entonces mi celo! ¿Con qué sueña el creador? ¡Los astros se apartan en una fuga apasionada ante estas almas desperdiciadas! Pues mientras que, de siglo en siglo, el día del juicio retrocede, las más ancianas acechan a las más jóvenes y mezclándose por afinidad, se ponen de acuerdo para borrar su responsabilidad unas en otras, y así de a dos, de a tres, mutuamente implicadas, fingiendo un todo indisoluble, van y vienen en mi fortaleza desfiando mi razón escrutadora. ¡Qué dolor cuando ellas resuciten! Vanamente me esfuerzo en hacerles entender, mientras dura la cuarentena cuya guardia me incumbe, que si cada una ha de encontrar allá abajo algún día, su polvo personal, todavía serán responsables de él aquí!
-¡Desde hace mucho tiempo esperaba este momento de amargura y lasitud, yo, que no dejo de admirar tu gran paciencia para instruir a los soplos expirados, oh, Gran Maestro del Templo! Y tampoco quise alterar tu confianza en la tarea que te fue asignada en su tiempo por los Tronos y las Dominaciones. Pero un ciclo de acontecimientos se ha cumplido entre nosotros. Finalmente ha llegado la hora de prevenirte: el número de elegidos está cerrado. Debido a ello el género humano ha cambiado de sustancia; ésta no es ya condenable, ni santificable.¡De allí esa profusión infinita que engaña tu discernimiento! El peso de los expirados es tan grande que desequilibra la economía de las esferas. Esta prodigiosa cantidad de almas gira en vano sobre sí misma. Debes saber que por poco que los alientos escapen a tu vigilancia y se renueven con alguna unión carnal, ya no se infiltran sólo de a dos o tres como cuando se amalgaman, sino de a cinco, de a siete, en un sólo útero, ávidos de arrogarse en un embrión en el que poder descargar sus culpas anteriores y rehacerse una virtud: frecuentemente, desde el seno de alguna pobre loca, un cuerpo demasiado frágil es llamado a alojar la aparente unidad de un complejo de siete almas. ¡He aquí una naturaleza tormentosa, exuberante, intratable, que padece del tumulto de tantos soplos muchas veces exhalados, diferentes en el origen, la edad y el tipo, y el grado en que toman como propias sus vicisitudes! Ese cuerpo, luego de tantas pruebas, enseguida es destruido, y su soplo sube hasta aquí, se divide según las diversas corrientes que inmediatamente se pelean y se hostigan entre sí hasta que se dispersan en otras más violentas. He aquí porqué las violaciones y los estupros se redoblan, se duplican, se centuplican en el bajo mundo, y no alcanzan para cubrir el camino de semejantes trastornos; y por más que aumenten los nacimientos, el número de expirados que quisieran renacer siempre excederá el número de cuerpos que nacen año tras año. De modo que, finalmente, antes que buscar esta solución híbrida, la mayoría prefiere las violaciones y los estupros de lo alto que deshonran tu fortaleza. ¡Tu cargo cada vez será más ingrato hasta el día en que Dios se digne a crear una nueva especie: la anarquía turbulenta de las almas, sus adulterios, sus incestos en el círculo que te ha sido asignado irán en aumento! Puesto que la mayoría se sienten eximidos de resucita, Dios los abandona a su propio juicio.
La brisa se detuvo un instante. El soplo del Gran Maestro permaneció inmóvil...

Fragmento tomado de El Baphomet- primera edición - Editorial Las Cuarenta.





CUATRO FRAGMENTOS de Schopenhauer


¡Cuán larga es la noche de un tiempo infinito frente al breve sueño de la vida!


Los hombres se asemejan enteramente a los niños en que son traviesos, cuando uno se muestra demasiado indulgente con ellos, por eso no se debe condescendiente y afable para con nadie.


Lo que uno tiene por sí mismo, lo que le acompaña en la soledad y nadie puede darle o arrebatarle, eso es mucho más esencial que cuanto posee o es a los ojos de otros.

Bramán contra el talante melancólico y desconsolador de mi filosofía; pero esto se debe a que yo, en lugar de fabular un infierno futuro como correlato a sus pecados, he sabido mostrar que allí mismo donde hay pecado, en este mundo, también está ya presente algo así como el propio infierno.


Tomado de Manuscritos berlineses - Editorial Pre-Textos